jueves, 24 de noviembre de 2011

Tolerancia manchada de sangre (24/11/2011)

Ayer, aburrida en una de mis clases en la universidad, leía el diario Público en su versión online, y me encontré de frente con una noticia que oprimió mi alma con una gélida fuerza que no esperaba. Esa noticia era la siguiente:

http://www.publico.es/internacional/408515/una-mujer-afgana-condenada-a-12-anos-de-carcel-por-ser-violada

Exacto. Semejante brutalidad me ha envenenado, como defensora de la libertad en todas sus formas (entre ellas, la sexual) y como mujer. ¿En qué cabeza cabe la posibilidad de que una mujer sufra la cruel tortura de que su cuerpo sea mancillado mediante la violencia al acto sexual no consentido, a sentir como su dignidad humana se requebraja sobre la supremacía egoísta de un hombre repulsivo? Cualquier persona que cometa violación está incurriendo en un acto tan tremendamente deleznable que espero que sufra la peor de las vidas. Cuando una mujer es violada, siente repentinamente miedo de todo, siente que su cuerpo es sucio, que ha suscitado que le suceda algo tan horrible, tan terrible. Es sencillamente eso. Se siente sucia.

Y parte del objetivo de las religiones ha sido precisamente eso: disculpar la debilidad carnal de los hombres, su brutalidad, su egoísmo, haciendo creer que una mujer es culpable de esa relación de acción-reacción: la reacción es la brutal violación, mientras que la acción es la repulsiva tentación indigna inherente a todo cuerpo femenino. Esta religión, por ejemplo, considera que esta pobre desdichada merece ser castigada por haber sufrido ese tormento. ¡No es más que un escudo para los hombres, para esconder su egocentrismo, su insufrible soberbia! Un hombre que no mira a una mujer como a su igual sino como un ser inferior merece todos los castigos, pero las religiones y algunas leyes aún los protegen. ¿Cómo es posible?

Yo aún no lo entiendo. Pero ante esos actos de injusticia, enséñale tus dientes mujer.

Ska-p Violencia Machista

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